viernes, 13 de diciembre de 2013

La negación no siempre es mala

Me niego a creer en todo aquello que no me haga creer. Me niego a resignarme absurdamente a los estereotipos. Me niego a pensar que las cosas no pueden mejorar, ni empeorar. Me niego a la arbitrariedad y soberbia. Me niego a vivir rodeada de desaliento. Me niego no pensar en lo que de verdad me haga pensar. Me niego a gastar el tiempo en cosas que me hagan sentir atada. Me niego a caer algún día en la idea de pensar que el tiempo es oro. Me niego profundamente a estar al rededor de personas hipócritas. Me niego a pensar en todo lo que me insertan, directa o indirectamente, los medios. Me niego a creer que algún día, por estas razones, la vida se vuelva una carga. Me niego a pensar que todo lo que sucede es malo. Me niego a no creer en las personas. Me niego profundamente a la resignación. Me niego a perder algún día la capacidad de asombro. Me niego a que algún día deje de cuestionar mi existencia. Me niego rotundamente a no tener tiempo para cosas insignificantes. Me niego a la impotencia de ver como la indiferencia se apodera de nosotros. Me niego a no ser dueños de nuestra propia vida. Me niego al destino previsto. Me niego a mirar para otro lado. Y, por sobre todas las cosas, me niego a aceptar cambios "naturales" del ser humano, mediante los cuales solo nos sumimos más y más en la miseria.

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